Sol Ángeles Báez Hernández: Le dio la culebrilla y no sabía lo que era

Zulian M. González Antommarchi y William J. Rodríguez Quiñones

Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Recinto de Ponce

Gracias a un mensaje de prevención que vio a través de una televisora del país, Sol Ángeles Báez Hernández pudo reaccionar y darse cuenta de que su irritación en la piel era una condición derivada de la varicela, conocida como culebrilla. Esta erupción en la piel le comenzó un 16 de febrero como una simple ampolla, pero Sol pensó que era una reacción alérgica a algo que había ingerido el día anterior. Algunos de los síntomas que describió fueron: picazón, ampollas, malestar e incomodidad.

Las ampollas comenzaron en el lado izquierdo del cuello pero se desarrollaron en el área de las orejas y la parte posterior de la cabeza, razón por la cual debió cortarse su cabello. Cinco días más tarde, visitó a su médico generalista y le explicó su teoría de la reacción alérgica. El doctor, pensando que las ampollas se debían al factor alérgico, le recetó ciertos medicamentos para controlar la picazón y las erupciones.

Horas más tarde mientras veía televisión en su hogar se percató de un anuncio hablando sobre un virus llamado la culebrilla o “shingles” en inglés. Cuando comparó los síntomas descritos en el anuncio con los que ella estaba sintiendo decidió acudir a un dermatólogo por la similitud de las descripciones. Es así que decidió visitar a un dermatólogo para confirmar su sospecha. En cuanto el especialista fijó su mirada en las ampollas, le dijo que efectivamente estaba sufriendo del virus. Sol se sorprendió mucho ya que desconocía sobre la existencia de esta enfermedad y no recordaba haber sufrido el virus de la varicela, ya que lo padeció a muy corta edad.

“De verdad que yo le digo que cuando le salga algo así en el cuerpo, donde sea, que vayan al médico y que se chequeen lo que es y que insistan al médico que le hagan pruebas de sangre, de laboratorio y que lleven a cabo el tratamiento que le indique el médico”, así recomienda Báez.

El médico le recetó los medicamentos pertinentes para tratar el virus de la culebrilla y así evitar el desarrollo de los síntomas. Además, le indicó lo afortunada que fue por llegar a tiempo, antes de que las ampollas causadas por el virus se apoderaran del interior del oído. Las erupciones duraron aproximadamente tres semanas y luego desvanecieron gracias al tratamiento realizado.

Muchos pacientes, al igual que Sol, se levantan todos los días sin conocer sobre esta enfermedad ni su vulnerabilidad a padecerla. En el trópico, el 90% de la población ha vivido en algún punto de su vida el virus de la varicela.

Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), casi 1 de cada 3 personas en los Estados Unidos contraerá la culebrilla en algún momento de su vida. Toda persona que haya padecido el virus de la varicela ya tiene dentro de su sistema el virus que causa la culebrilla. Al pasar los años, el sistema inmune se debilita y esto causa que el virus de la culebrilla se pueda reflejar en la piel.

Según el portal electrónico de orientación sobre la enfermedad auspiciado por la farmacéutica Merck, estudios muestran que uno de cada cuatro personas que contraen culebrilla tendrán algún tipo de complicación. En el caso de nuestra sobreviviente, el mayor riesgo se concentraba en el área del oído ya que es donde el virus le estaba afectando agresivamente. Pocas personas conocen que la erupción en la piel puede llegar a durar hasta 30 días y los síntomas como dolor o malestar aún más (meses, incluso años).

“La culebrilla es una irritación de la piel muy dolorosa que suele empezar con ampollas en un solo lado del cuerpo”, así lo define la doctora Concepción Quiñones Delongo, directora médica de Voces Puerto Rico.

Existe una vacuna que ayuda a reducir el riesgo de padecer culebrilla. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) recomienda que las personas mayores de sesenta (60) años se administren esta vacuna para prevenir un episodio de culebrilla o que el mismo sea severo.

 

Las fotografías tomadas en este reportaje fueron realizadas por Abimael Medina Luciano, estudiante del Departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica, recinto de Ponce. 

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